La Alberca, pueblo con encanto, un encanto muy especial, difícil de describir. Se trata de una sensación, o un conjunto de sensaciones envueltas en un aura mágico lo que hacen de este pueblecito un lugar tan especial.

INFORMACIÓN PRÁCTICA. Situado en la sierra de Francia, provincia de Salamanca, se trata de un pequeño pueblecito de unos mil habitantes, pero con mucho turismo, sobre todo en fines de semana y temporadas altas. Fechas en las que conviene reservar habitación con antelación. Aunque dispone de una buena red de alojamiento y restauración, como decía la afluencia de turistas que visita el pueblo y su bonito entorno, suele desbordar la capacidad.

La Alberca carece de monumentos de importancia, el monumento es el pueblo, sus calles, casas, fuentes…etc., declarado conjunto artístico histórico de interés nacional desde 1940. Como ya imaginaras, la mejor forma de conocerlo es pasear, y pasear. Se puede recorrer en un día, pero si realmente quieres impregnarte de su esencia te recomiendo que le dediques una escapada de fin de semana, la vista merece la pena.

ALOJAMIENTO. En mi viaje a La Alberca me aloje en el Hostal Rincón del Trillo. Una magnifica elección, pequeño pero muy agradable. Habitaciones coquetas, limpias y cama muy cómoda. En la planta baja se ubica un pequeño bar de los mismos dueños, pero en ningún momento es molesto. Todo lo contrario, es de agradecer el horario, bastante amplio, muy cómodo para desayunar o tomar un café antes de subir a la habitación. www.hostalelrincondeltrillo.com

OFICINA DE TURISMO. Está situada prácticamente en la plaza mayor, aunque durante mi visita estaba cerrada, imagino que debido a que era entre semana y en temporada baja. Disponen de una web por si quieres ponerte en lugar antes de tu visita. www.laalberca.com

PASEO POR LA ALBERCA. Comienza a pasear, observa la particular arquitectura de sus casas, con tramado de vigas sobre blanco, que le dan un toque centro europeo, llevándote a confundir donde estas exactamente. Arquitectura íntimamente ligada a la historia de La Alberca y la repoblación que esta zona vivió durante los S.XII y S.XIII, sobre todo con gentes procedentes de Francia, que vinieron de la mano de Don Raimundo de Borgoña, encargado de estas repoblaciones. De este hecho se deriva también el topónimo de la Sierra de Francia.

Su Plaza Mayor, puede que no tenga nada distinto a otras. Soportales con columnas de granitos, bares y restaurantes, como en muchas ciudades y pueblos de España, pero su encanto te llega desde el primer momento.

Cerca de la plaza, a escasos metros por una de sus calles adyacentes, se encuentra la iglesia de parroquial de la alberca de S. XVII. No soy una experta en arte o arquitectura, pero me llamo la atención, tal vez por sus proporciones, no es que sea un gran edificio, pero en comparación con el tamaño del pueblo, desde el exterior me pareció hasta grande. Elementos como su torre, o el pórtico de entrada le dan cierto aire de distinción. Otro curioso detalle es una especie de capilla adosa en el exterior de una de las esquinas, dedicada al culto de las ánimas, antaño muy arraigado en España.

En el interior me llamo la atención su pulpito de granito con figuras policromadas, no he descubierto su historia, pero es una pieza interesante, al igual que el retablo del Cristo del Sudor, sobre este cristo lo más relevante podría ser la historia o leyenda que asegura, sudo sangre en el 1655.

Durante tú paseo por La Alberca observa cada pequeño detalla, está lleno de ellos. Desde sus fachadas y balcones, estrechas calles, poyetes, fuentes o albercas, dinteles con grabados y hasta el sonido del agua en sus calles, es bello en La Alberca.

LA PEÑA DE FRANCIA. Lugar mítico, no solo para la gente la zona. Desde el descubrimiento de la virgen del mismo nombre, la peña se ha convertido en destino de peregrinación y devoción, a pesar de la dificulta de acceso a la zona que como todo el entorno tiene una magia y belleza singular. No dudes, si viajas a La Alberca estás obligado a sacar un ratito para subir a la Peña de Francia, observar las vistas y visita el monasterio.Si quieres saber más, pincha aquí. 

GASTRONOMÍA Y TRADICIÓN. Seguro que el paseo te ha despertado el apetito, perfecto pues otro de los patrimonios de este encantador pueblo, son sus jamones y embutidos, el cerdo ibérico esta tan presente, que en fiestas como las de San Antón de Pauda, es el total protagonista. Yo no pude disfrutar de esta fiesta tradicional, pero sí de su jamón y… bueno me quedo sin palabra.

Pero si lo tuyo es más el dulce, no tienes problema, dulces típicos como Flores, bollo maimón y turrones artesanales son solo algunos de los dulces muestra, que llenan las tiendas del pueblo. Sin olvidar los frutos secos, miel o jalea de la zona que son excelentes. Y si unimos ambas cosas tenemos, “El turrón de jamón.” En La Alberca también hay lugar para la innovación, como en esta peculiar mezcla. Al pasar por la tienda me llamo la atención, y mira por donde, su creadora Mari Luz Romero es un genio de la fusión  de sabores en estupendo turrones.

En su gastronomía destacan los platos de cuchara alubias a la albercanas, patatas revolconas o menas, y como no el cuchifrito, sin olvidar el hornazo, relleno de los excelentes embutidos de la zona. Una gastronomía basada en productos de la tierra, que los albercanos saben tratar con mino y esmero, dando lugar a una gastronomía tradicional conservada en el tiempo.

COMER Y TAPEAR…

El Encuentro. Situado al lado de la plaza mayor, fue una excelente elección. En la parte baja cuenta con un amplio bar, y el parte superior un coqueto restaurante. Con una decoración íntima y agradable, es muy reconfortante comer en un sitio así durante un día de lluvia, y ver como cae la lluvia en las calles empedradas desde sus ventanas. Todo perfectamente acompañado de una excelente comida, buen producto, muy buen cocinado y muy buen servicio.

Como hacia algo de frío y lluvia, las alubias, patatas revolconas y cuchifrito fueron los platos elegidos. Todo muy, muy rico. Junto una carta de vino bastante variada y un servicio excelente.

Como podéis intuir un gran restaurante.

¡Oh! Espacio del Jamón. He mencionado la devoción de la zona por el ibérico, y la mía, por lo que fue un placer probar un poco. Situado en una de las calles comerciales, el local por si solo llama la atención. Con una decoración moderna, que deja ver y lucir el magnífico producto, “El Jamón Ibérico”, que se convierte en la única y casi absoluta decoración. Tome una ración de jamón, que todavía recuerdo con la boca hecha agua, bien cortado y bien servido. Junto a un vino de la zona, que me atreví a probar aconsejada por el dueño, una buena combinación.

En definitiva, un excelente lugar para degustar ibérico. Cuentan con una bodega de secado en la que realizan visitas, catas y curso. www.ohespaciodeljamon.com 

La Cantina de Elías. Situado en la entrada del pueblo, plaza de San Antón. Bar restaurante con ambientes separados, ambiente cuida y agradable. Respecto a la comida, tan solo fue un picoteo, pero lo que provee estaba muy rico. Unos Boletus, recién cogidos, a la plancha y un flan casero de queso muy recomendable.

El Balcón de la Plaza. Situado en la plaza mayor, cuenta con un pequeñito bar alargado, un restaurante en la parte superior y una terraza en la misma.. Mi visita fue fugaz, un vino y una tapa de revolconas, que está entre las mejores que he probado. Esto acompañado de una buena selección de vinos para servir en barra, bien cuidado y un buen servicio, me hace animarme a recomendarlo. www.elbalcondelaplaza.com

En resumen, La Alberca es un lugar mágico y especial, que parece estando en el tiempo. Muchos son los que se han enamorado de ella en su visita, pues La Alberca ya estaba allí en tiempos de Cervantes y de Unamuno, y sigue allí, esperándote.

This is for me? Yes, La Alberca is for you.

 

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